La formación de un buen profesional no debería basarse en únicamente acumular técnicas, sino en desarrollar pensamiento clínico, comprensión de la salud y capacidad de análisis. En profundizar en esas técnicas propias de su profesión.
Por eso cada programa parte de la ciencia, pero se construye sobre la experiencia y el razonamiento.
El objetivo no es solo aprender más, sino aprender mejor.